
Muchos dicen que la pandemia nos cayó al mundo fruto de una autodepuración del planeta. Otros dicen que fueron armadas en laboratorios. Sea lo que fuere, la pandemia nos sirve para hacer un tremendo parate para la autorreflexión, para mirarnos por dentro, para cavilar las circunstancias futuras que vendrán.
En estos meses está saliendo a la luz toda la podredumbre que nos arrasó y que todavía nos arrasa, como sociedad, como pueblo, como nación, como país, como Estado. “Vinimos para transparentar, con el ‘sí se puede’, con el ‘se robaron todo’, pero resulta que tenemos un país con todo dado vuelta, con todo corroído, con todo contaminado, con todo enfermo”. Tanto, que los mismos que apoyaron este colosal vendaval que nos destrozó como pueblo, salen hoy tras el cartel de “periodistas independientes” a defender a meros delincuentes, que “tras muy bien planeadas estrategias de marketing se arrogan títulos y premios, que se entregan entre delincuentes, o sea entre ellos, como si fueran los únicos periodistas que existiesen en el país”.
