VOLVIMOS PARA SER MEJORES, NO BOLUDOS

No es que no deba reunirse con los "enemigos" del pueblo argentino. Lo que da escozor es que después, todo sea meramente declarativo y los hechos arrastran a la realidad. Y ello, todos lo estamos viendo. (Foto: Redes).

Estamos asistiendo, haciéndonos la película, a un gran sunami que ingresa por avenida 9 de Julio, con todos nosotros mirando impávidos desde los balcones de nuestras casas, cómo este fenómeno arrastra el trabajo de millones de militantes de todo el país, que en los cuatro años macristas no sólo pusieron el rostro a la desgracia, sino que mantuvieron incólumes las banderas del proyecto Nacional y Popular, que nació en 2003 con el Dr. Carlos Néstor Kirchner.

Como dicen todas las leyes de la cotidianeidad, “todo lo que comienza mal no puede terminar bien”. Es que estamos equivocando de cabo a rabo la consigna política “volvemos para ser mejores”, que es restructurar, rediseñar y reconstruir el tremendo desastre que produjo el macrismo en sus años de gestión.

Y en ese afán muchos que defienden a ultranza la gestión de Gobierno, creen que criticar es ponerle palos en la rueda. Nada más alejado de la realidad, sino que es para que el carro enderece su dirección y no se salga del camino acordado, por quienes vienen empujando al mismo desde 2003. Más cuando lo hacemos desde un espacio aséptico, que fue ganado a fuerza de militancia y presencia, cuando muchos de los que hoy están se habían borrado y las palabras “nacional, popular, pueblo, kirchnerismo, militancia, organizaciones” eran más que malas palabras y muchos agachaban la cabeza y se escondían.

Ser mejores es escuchar, debatir, pero no darle al enemigo  —no, no hay adversarios cuando hay una política destructiva y mentirosa de parte del grupo mafioso que cree mantener el “poder”—  las herramientas para que destruya definitivamente al pueblo que lo votó. Este “poder” fue confiado a una persona que es el Presidente de la Nación, por medio del voto democrático, que es el instrumento más genuino y legal, que la Constitución Nacional nos da como pueblo libre. Pero cuando el que fue confiado con tal magnánimo mandato demuestra ciertas dudas en el ejercicio del poder, es bueno penetrar en la psique del hombre al cual hemos confiado tal grandiosa y no menos menor misión, para que “ingrese en el saber psicoanálitico que es algo que transforma el mundo. Con él ha venido una suspicacia serena, una sospecha que desenmascara, que descubre escondites y los manejos del alma. Esa sospecha, una vez despertada, no puede volver a desaparecer nunca. Se infiltra en la vida, socava su tosca ingenuidad, le quita el gusto del understatement, como dicen los ingleses, para la expresión suave en vez de exagerada, para la cultura de la palabra normal, no hinchada, para la palabra que busca su fuerza en lo moderado…”, decía el escritor alemán Thomas Mann.

Es que todas las alertas están encendidas y nos dicen, como lo dice abiertamente el alcahuete número uno de la Embajada de EE.UU., Joaquín Morales Solá, que siempre “información de privilegio” tiene y que escribe que “Cristina, sí o sí va este año presa”. O cuando el viernes la Cámara de Casación Penal ordena que la causa a cargo del juez Juan Pablo Augé por espionaje ilegal contra Gustavo Arribas y Silvia Majdalani en las causas Instituto Patria y el espionaje a funcionarios y presos políticos en las cárceles, pase a la jueza macrista María Eugenia Capuchetti, donde también podrá participar el multiprocesado fiscal Carlos Stornelli, estamos en la más clara demostración de un “lawfare a favor”, en este caso en defensa de los funcionarios violadores de la Constitución y del orden constituido.

Entonces, qué somos: mejores no somos.